Economia Solidaria y Patrimonio Cultural

 

Un poco de información sobre nuestros valores

Estación A es miembro de WFTO, la Organización Mundial de Comercio Justo. Además de desarrollar productos bajo los estándares del Comercio Justo, promueve en sus actividades algo muy vinculado: la Economía Solidaria.

La Economía Solidaria constituye una alternativa al modelo económico dominante, centrado en el dinero, el individuo y el lucro. Se erige como movimiento social emergente que está en sintonía con otros movimientos globales, como el ambientalista, el de derechos humanos y el indígena.

Si bien en algunos países de América Latina, como Ecuador, existe un desarrollo avanzado de la Economía Solidaria, a tal punto de estar reconocida en la Constitución Nacional, es todavía un concepto/movimiento emergente. O sea, se encuentra en una fase inicial tanto de desarrollo conceptual como de su articulación en cuanto “sujeto político”. Paulatinamente, personas y colectivos van adhiriéndose o van adoptando la noción como marco orientador. Más lentamente aún, las políticas públicas empiezan a incorporar en sus idearios y planes, de forma tangencial algunos, mientras otros – aún pocos – de forma vertebral.

Por su lado, el Patrimonio Cultural no solo constituye “la cultura que debe ser conservada y recordada”. Es un elemento activo del presente, cruzando los diferentes campos de la realidad, incluyendo el económico. Barrios, comunidades, municipios y pueblos están “descubriendo” el valor económico del patrimonio, sus potencialidades. Descubrimiento que viene acompañado (o debería estarlo), por lo general, de una mirada cuidadosa e integral, pues no se trata de la mera explotación o la búsqueda del lucro indiscriminado, sino, por el contrario, de un aprovechamiento sustentable, respetuoso de las lógicas culturales y sociales.

Diferentes actores comunitarios han constatado que las experiencias de Economía Solidaria y/o Patrimonio Cultural se desarrollan en un contexto neoliberal – una versión exagerada del capitalismo –, es decir, en el marco de valores orientados a la expansión voraz del capital, el culto al lucro, la producción de riquezas para unos pocos, la competencia exacerbada y la rentabilidad excluyente. Valores que, por su desconocimiento o desprecio a otras lógicas (la humanista, la social, la cultural), terminan siendo negativos para la sustentabilidad de los pueblos y de todo el planeta.

Pero el neoliberalismo está en crisis, hecho que se convierte en una oportunidad. Por todos lados se evidencian sus limitaciones, contradicciones y debilidades. “El barco hace agua por todos lados”.

Este contexto de crisis, paradójicamente, favorece la ampliación y la emergencia de prácticas y experiencias basadas en otra lógica económica. Pululan en América Latina colectivos, de las más variadas características, que plantean emprendimientos alternativos, basados en la cultura local y en principios como la solidaridad, la inclusión y los derechos humanos. En muchos casos se trata de una revitalización de experiencias de larga data, inclusive ancestrales.

La oficialización del Sumak Kawsai (el Buen Vivir de todos sin exclusiones) en algunos países latinoamericanos es un indicador de este proceso. Pero a la vez es una indicación del camino que deben recorrer las organizaciones: trascender los umbrales comunitarios y civiles, para incidir en las políticas públicas, en la acción de los Estados.

La heterogeneidad marca al continente. Existen países con un fuerte desarrollo de la trama societal, inclusive politización de sus posiciones y propuestas, maduración que se observa en la misma institucionalidad. Otros países, en cambio, presentan situaciones incipientes: sí, abundan experiencias, pero no están conectadas entre sí, y tampoco tienen un grado de politización que las convierta en interlocución en la esfera pública. Paraguay puede inscribirse en este segundo grupo de países.

En los últimos años se ha visto, no obstante, el surgimiento de algunas redes de organizaciones civiles vinculadas a la Economía Solidaria y el Patrimonio Cultural. Son plataformas que están cumpliendo un rol importante: socializan experiencias, el intercambio de conocimientos y metodologías, favorecen el encuentro, catalizan procesos, impulsan proyectos colectivos.

Si bien en Paraguay el concepto de Economía Solidaria es nuevo, existen diversas experiencias que se inscriben en sus principios. No es el mismo caso el de experiencias que promueven o ponen en valor el patrimonio cultural. Hay como más camino andado en este último caso.

En los últimos dos años estas experiencias dentro del marco de acción de Proyecto CESI han ingresado a un contexto favorable en el país, en parte, por el fortalecimiento de la Secretaría Nacional de Turismo y la emergencia de la Secretaría Nacional de Cultura; por la otra, por la coyuntura de conmemoración del Bicentenario de la Independencia Nacional. El 2010 y el 2011 fueron años especialmente favorables para impulsar, catalizar o consolidar iniciativas basadas en el patrimonio y la identidad.

El Proyecto CESI aprovechó positivamente esta escena propiciando, a la vez, la adopción del concepto de Economía Solidaria por parte de actores públicos y privados. Es así que se activaron “circuitos solidarios e interculturales movilizando a actores locales en torno a objetivos compartidos”.